Govern Sabias que? Cheque Canguro

"Fernando Múgica Herzog"

Un artículo de Adolfo Alonso .

Imagen del artículo: "Fernando Múgica Herzog"
Imagen del artículo: "Fernando Múgica Herzog"

Treinta años se cumplen, mientras escribo este artículo, del asesinato del militante e intelectual socialista Fernando Múgica. Me resisto a utilizar la palabra «ejecutado», porque parece dar una mínima apariencia de justificación; «asesinado» es el único término posible. Evidentemente, no solo fue él, sino también Isaías Carrasco, Miguel Ángel Blanco... Esto no es una balanza al peso de los muertos para ver quién pone más encima o quién ha asesinado «peor» o «mejor», como esos «gudaris» de pacotilla o «cipayos», como aquellos locos los calificaban. Parece que todo esto ha entrado en el jardín del olvido.

La comparecencia de Feijóo sobre la DANA ha sido desastrosa; falaz, asquerosa podría decir. Sí, de asco. Todos estos actos inquisitoriales, en general, son bastante carnavalescos: cada uno se pone su disfraz y dice lo que quiere sobre lo que quiere, no lo que es necesario en relación con lo que se le pregunta. También, ciertamente, los diputados o senadores están a lo suyo, que es el lucimiento personal y el paseíllo. Rufián es muy bueno en esto; siempre lleva su «cosita», que si un cordelito por aquí, que si una foto allá... No es malo. Está al nivel de Cayetana Álvarez de Toledo, Ayuso u Óscar Matute (no, no se lo voy a poner con «k», de Bildu). Ninguno es mal orador. Son de dos grupos: el «diabólico», que es la parte masculina, y el «brujeril», que es la femenina. Pero son igual de repelentes en sus piezas de oratoria: buenos, pero repudiables en sus discursos. Son como lobos con piel de cordero y, cuantos más años pasan, más hábiles se vuelven. Lo único bueno que tienen es que no engañan: Rufián y Matute están en el Congreso de paso hacia la independencia política y económica. Como son de izquierdas independentistas, van hacia la independencia a partir de la clase obrera que, como es de todo el mundo, pues da igual de un sitio u otro. Primero la clase obrera por la independencia de esa entidad irreal e inexistente llamada Euskal Herria y, aprovechando que va de clase obrera, de ahí a la del Estado español, la de Europa y la del mundo. Es una forma de entender el internacionalismo proletario.

Todo esto, sinceramente, me da igual; allá ellos y sus recursos retóricos. Pero debo decir que me ha molestado no solo la comparecencia de Feijóo —sacando a relucir a ETA con Matute, el «comodín» como él le dijo y con razón, porque el PP parece usar a ETA como el joker de este endiablado juego político en el que nos tienen metidos junto con Vox—, sino que especialmente me ha molestado el sofisma de la «igualdad de las víctimas» que argumentó Matute.

O sea, ¿Fernando Múgica Herzog es igual que Yoyes, o que De Juana Chaos, o que Valentín Lasarte (uno de sus asesinos), o que Txapote y toda esa peña de descerebrados que no llega ni siquiera a política? Les recomiendo que vean la entrevista a Josu Ternera, esa de «no me llame Josu Ternera». Todos los muertos en Euskadi no son iguales: hay unos verdugos —seres no pensantes— y otras víctimas —curritos y seres pensantes en general—. Dice el Sr. Matute que son iguales las víctimas de las torturas y la represión que los políticos, policías, guardias civiles, empresarios o jueces asesinados. Suena bien; reconoce que no solo ha habido «txakurras» o «cipayos» víctimas, sino también «gudaris», y que todos son iguales. Esto es una falacia, pero le está bien empleado al Sr. Feijóo que el Sr. Matute le salga con lo del comodín. Sin embargo, está muy mal empleado por parte del Sr. Matute ese discurso angelical de «café para todos», porque no es cierto. Me alegro de que lo saque en el Congreso; mejor ahí que en la calle con un tiro en la nuca y por detrás. No digo que él lo haya hecho; sinceramente, no sé si lo hizo o no, o si aprovechó indirectamente los muertos en el papel de «bueno», pero me trae sin cuidado.

Para los que no recuerden o no hayan vivido la historia, les voy a contar qué pasó. Hace años hubo un General que organizó este país como un cuartel militar. En esa mecánica, los cuarteles funcionan a toque de corneta y órdenes. En aquel patio de armas, la libertad era inexistente, salvo la derivada del escaqueo, la trampa, el salto del muro o el dormir fuera sin permiso; es decir, ilegalidades que se pagaban con calabozo, arresto o consejo de guerra. Todo esto se acabó un buen día cuando el General falleció y comenzó un proceso desde dentro.

ETA ya existía (no sé ya en qué asamblea, si la VI, la LCR y cosas así, como el MC o la Joven Guardia Roja). Hubo una Ley de Amnistía y la gente empezamos a pensar que con ella se pasaba página y se miraba hacia adelante. Pero no fue así. Aquellos cabestros de ETA no aceptaron la amnistía y siguieron matando en base a una idea de represión especial del pueblo vasco. Siguieron apretando el gatillo. La situación era estrambótica: mientras millones de personas intentaban convivir en una nueva situación política, unos pocos se dedicaban a seguir matando. Pero, cuidado, la culpa no era de ellos, sino del «Estado opresor», y montaron toda una estructura histórica falsa en torno a un idioma reprimido. De la represión del idioma se llegó a la del pueblo y a la opresión del Estado democrático.

Con la sorpresa de casi toda la ciudadanía, se vieron cosas como la paralización de una central nuclear con un tiro en la nuca a su ingeniero, la paralización del AVE o el asesinato de políticos del PP, del PSOE e incluso de empresarios del PNV. Cuidado, decían que eran «la oligarquía». Yo viví en Neguri, el lugar donde más secuestros y bombas se han colocado en Euskadi. Pero claro, como el Estado no les aplaudía y trataba de plantar cara con los medios policiales posibles, aquello era «represión de todo un pueblo». Y como eran inofensivos «gudaris», gloriosos por la libertad, no entendían que la gente los llamase asesinos; así que crearon su propio mundo alrededor de las Herriko Tabernas y de la lectura histórica de las Ikastolas.

Hacerse la víctima es muy fácil. ¿«Gudaris»? No se conoce en la Guerra Civil una rendición más traidora que la de los gudaris vascos en Cantabria (dejaron tirada a Asturias y a mi madre metida en un barco camino del exilio). En esta locura de unos tipos que se creían demócratas asesinando a Múgica, a Ordóñez, a Isaías Carrasco, o secuestrando a Ortega Lara en un agujero, mataron incluso a sus disidentes, como hizo «Kubati» con Yoyes. En este ridículo contexto de locos normalizado, ser del PSOE o del PP era ponerse una diana en la calle. Escribir o pensar en libertad era una orden de asesinato. Tuve dos socios de despacho que vivieron con escolta y soportaron una presión social de la que ni se hablaba; o un amigo funcionario de prisiones que miraba cada mañana debajo de su coche. Ir como candidato del PSOE al Congreso, como fue mi caso, era ser visto como un enemigo del pueblo vasco por muchos, aun en tregua.

Hubo algún loco que se encargó de funcionar en paralelo al Estado —no con el Estado—: putero, jugador, héroe de pacotilla y devorador de películas de espionaje, tan loco como ellos. También fue condenado (los GAL). Pero estos locos no compensan la locura de ETA ni equiparan a las víctimas. Nadie de las familias de los verdugos ha pedido perdón por lo que hicieron sus familiares. Algunos miembros de ETA sí lo han hecho tras ser derrotados militarmente. Solo Arnaldo Otegi o Josu Ternera se dieron cuenta de que los locos de la pistola eran un problema muy gordo y, ante lo inevitable, saltaron hacia los planteamientos del Sr. Matute, y no les ha ido mal. Menos a Ternera, a quien basta escucharle un minuto para entender que su nivel intelectual es el de alguien que se ha quedado colgado de la historia.

Hoy, que recordamos el asesinato de Fernando Múgica, conmemoramos a un demócrata y a un luchador por las libertades de todos; otro vasco asesinado por un vasco de esa inexistente Euskal Herria. No es lo mismo Fernando Múgica Herzog que Valentín Lasarte, aunque este sí haya pedido perdón. La cultura del perdón es muy vasca: «tienes que pedir perdón para que...». Yo no creo que las víctimas tengan que pedir perdón por nada. Las del Sr. Matute de Bildu sí que deberían hoy pedir perdón. El perdón no es olvido, ni significa que aquí no haya pasado nada. El perdón de la locura es difícil; yo ni siquiera llego al perdón de los locos, a lo que llego es a su internamiento y al trabajo de profesionales. Este daño no se cura con perdón, sino con memoria y medidas de seguridad. Nadie vuela sobre el nido del cuco.

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia