No es el autobús, es un invento legislativo.:
Una ley Ómnibus o un Real decreto Ley Ómnibus, es una especie de depósito heterogéneo, de diferentes modificaciones legislativas. Por todos el Decreto ómnibus del 2025 que hemos tenido en España. No es una técnica legislativa propia.
Como el tema legal y judicial es lo mío, tengo un trauma para escribir de estas cuestiones. Para mí es como el camarote de la película de los hermanos Marx. Me viene la imagen de una apertura súbita de puerta o de grifo o de herida y que salga todo de manera desordenada y con fuerza lesiva. Esto último importa poco porque en este país nadie hace caso a nadie. Por muy fuerte que salga resultará inocuo, más bien una molestia, y una etiqueta.
Una Ley Ómnibus genera alarmas, como puede ser el miedo de presentar diferentes modificaciones legislativas, no vaya a ser que no se aprueben, o la tentación de gobernar por decreto, y por la puerta de atrás, la vulneración de los programas electorales en aras de las componendas. Frente al miedo se alza el sentido práctico o motivos de necesidad y urgencia. Pero en realidad todo es más de lo mismo, más del cambio y del nuevo paradigma en el que vivimos. Para la gente de mi generación este nuevo paisaje resulta árido, desconocido, feo, decepcionante y desesperanzado o incluso derrotado. Para los de la actual generación y en el relevo generacional político actual esto es algo con lo que se convive con normalidad. Todo
ha cambiado y no queda más que el retiro o la observación, y como mucho la constancia, para que alguien que dentro de unos años busque nuestros nombres en internet, y nos encuentre. Una forma de evadir el olvido que es el morir.
Un decreto “Ley ómnibus” es directamente proporcional a un “gobierno Frankenstein”. Es su consecuencia. Frankenstein es el personaje de la película de Guillermo del Toro, un ser viviente, que está construido como un mecano, un 'lego', por retales de otros seres humanos y al que se consigue hacer revivir. Fue un invento de Alfredo Pérez Rubalcaba, socialista, para referirse a un gobierno hecho como de ensamblajes inconciliables e irreconocibles. Al Igual que Frankenstein, aquel era un engendro defectuoso que caminaba a trancas, pensaba poco y sentía algo.
Pues de un gobierno Frankenstein lo que sale son Decretos Leyes Ómnibus. De Decretos Leyes Ómnibus, lo que sale es una confusión legislativa para los técnicos muy importante. De la confusión legislativa lo que sale es despiste social, y del despiste social lo que sale el caos. Pero a nadie le importa, estamos en el momento histórico de la IA, es posible que estos Decretos Ómnibus utilicen la IA para adaptarse a los tiempos, y sobre todo de la post verdad y del sálvese quien pueda.
Un Decreto Ómnibus puede ser un apaño para estar en el poder unos añitos. Aguantando lo que sea eso sí, y pasar la puerta giratoria. El secreto está en que si la hace alguien, no le pillen en el ministerio, sino en las cintas de las maletas del aeropuerto. Sí, me refiero a esas puertas que si sales por ellas ya no puedes volver a entrar porque son de una dirección, como un compartimento estanco. Y el que venga detrás que arree.
Hubo más Ómnibus. No llegamos a este fenómeno por caída libre o por ocurrencia. El primer Ómnibus fueron las “exposiciones de motivos” de las Leyes. Eran las explicaciones del legislador a porqué hacia una Ley, sus motivos, que podían servir para interpretar los artículos que venían después. Esto se fue extendiendo y extendiendo y duraba páginas y páginas, y cada vez más, y entonces se hicieron exposiciones de motivos narcisistas, el narcisismo está de moda, o sea para recrearse en lo buena que era la ley que era lo que venía a continuación y sobre todo en lo bueno que era el gobierno y el presidente de turno y comenzaron a meterse convenios internacionales en materia de derechos humanos. Se convirtieron en algo que dejo de ser técnica legislativa para convertirse en técnica política. Esto hizo que se dejasen de leer.
El segundo elemento del Ómnibus, porque ya al ser plural pasó a ser un fenómeno, fueron las Leyes Generales de Presupuestos. Hubo un periodo histórico dentro de la actual democracia en el que los Presupuestos generales del estado, la financiación, los dineros que se dedicaban a las prioridades políticas, a los ministerios, eran eso. Pues tanto a defensa, tanto a enseñanza, tanto a obras públicas. Pero a alguien se le ocurrió la idea de que como eran anuales se podían meter disposiciones finales que modificasen otros textos legales o que regulasen aspectos de materias que aprovechando, pues se resolvían. Acostumbrados a una mentalidad codificadora, como era el sistema legal Español, Código Civil, Código Penal, Código de las Partidas, La Compilación, el Fuero Juzgo, etc., aquello era antitético.
Lo tercero del Ómnibus, fue la quiebra del sistema de Derecho Civil común y Derecho civil foral, que vino derivada del establecimiento del sistema de organización territorial de las Autonomías. Aquello fue el comienzo del “saco de la viuda” legislativo, porque las autonomías comenzaron a legislar, sean o no sean de derecho foral. Estaba claro que existían algunos derechos forales, más como tradición que como compilación, sin embargo pongo el ejemplo de Valencia, esta comunidad autónoma legisló en materia de derecho de familia, con una Ley, lo mismo que legisló el País Vasco, o como se hizo el Codi de Família catalán, pero la declararon inconstitucional. O leyes de Menores. La entrada en la Unión Europea también fue parte del Ómnibus, ya que empezamos a recibir derecho de dos formas, o bien directamente, mediante los reglamentos o bien indirectamente mediante los principios comunitarios contenidos en las directivas. Una consecuencia de las Directivas, fue la legislación en materia de sociedades mercantiles.
Y ya el último elemento del Ómnibus, es la consagración del término como “Ley Ómnibus”. Es su entrada en las Facultades de Derecho, al igual que una palabra entra en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, como crudivorismo, loguearse, microteatro, milenial o turismofobia. Quizá sea más definible como una forma compleja como “alfombra mágica”, “foto de familia” o “juguete roto" que son las ultimas que han entrado en la RAE.
Le va bien la metáfora de “juguete roto” a la Ley “Ómnibus”, El Derecho tal y como lo conocimos ha pasado a ser un juguete roto, troceado, disperso, un juego del “monopoli” o de las palabras encadenadas, un Sudoku diario, una película como “el jovencito Frankenstein”.
¿Es bueno? ¿Es malo?, es diferente, es un reflejo.
