La epopeya del Diluvio según El Gilgamesh crea un escenario de los dolores del parto primigenio sin muestra de culpa moral.
El arca, las aguas caóticas con sus generaciones de animales y humanos en su seno, son eso una muestra viva de nuestro existir en el tiempo y en el espacio en la matriz que nos mantiene y guía.
Como indicios el Arca es de forma circular como un “nido” y en la lengua Acadia en que está escrita es de género femenino.
Las aguas primordiales igualmente indican los flujos amnióticos indicios del nacimiento común a los seres vivos.
El Gilgamesh como mito de los orígenes no sucedió años ha sino que es una celebración del Nuevo Año que como mensaje nos invita al comienzo perenne como las Estaciones.
Así en el calendario sumerio el primer día es el Día Uno que contiene en germen todo (tiempo-vida-espacio).
Este retornar miméticamente al estado embrionario no hace sino causar el desnudarse y volver al estado de inocencia del que venimos… “Estaban desnudos” dirá categóricamente la biblia luego.
Nuestros mayores con su sabiduría acumulada así también lo señalaban con el dicho: “Nacemos sin bolsillos y fallecemos sin éstos”.
El Teatro Principal de Maó con la representación de El Gilgamesh, obra del grupo internacional de Edgar Alemany quiere ser, sí el Arca que unifique y renueve nuestro convivir y saber sentir una primavera de las virtudes de los vicios y los vicios de las virtudes.
El Gilgamesh como signo náutico y de esperanza muestra el cuervo y la paloma que indica por su instinto dónde comienza un nuevo existir posible.
El Gilgamesh
