Visites culturals
Govern Fenómenos Meteorológicos
Balearia

"Carta desde Iwo Jima"

Un artículo de Adolfo Alonso

(Foto: PIXABAY)
(Foto: PIXABAY)

En realidad, la película se titula Cartas desde Iwo Jima. Dirigida por Clint Eastwood, narra la batalla por la isla desde el lado japonés. Es un espejo de Banderas de nuestros padres, que la cuenta desde la perspectiva estadounidense. La diferencia es que aquí hablan los defensores, no los sitiadores, mediante cartas en las que expresan sus sentimientos personales. En las del general Kuribayashi, al mando de la defensa japonesa, se trasluce una conciencia clara de su destino. En todas ellas aparece el lado emocional de estos hombres: soldados sencillos que siguen siendo humanos mientras la guerra arrasa con todo. Capaces de matar y morir en cumplimiento de un deber, pero que continúan teniendo afectos, dudas y soledad.

Este verano, en Menorca, me he sentido como un soldado raso japonés en Iwo Jima: metido en una cueva-refugio y aguantando agresiones. Lo mío es el papel del soldado Saigō, el panadero reclutado. Desgraciadamente, carezco de capacidad política, de poder o de mando para pensar y aportar soluciones.

Quien representa el papel de Kuribayashi —el presidente del Consell Insular de Menorca— se ha visto desbordado por el desembarco de los «americanos», metáfora de los turistas, pero del mal turismo. A diferencia del general japonés, no ha hecho nada antes ni durante para la defensa de la isla: solo dejar que desembarquen y gestionar mal los recursos. Lo mismo ocurre en Palma, con la presidenta del Govern Balear, que parece estar satisfecha con lo que sucede en Mallorca e Ibiza. Los menorquines, desde luego, no lo están.

Me apetece escribir este artículo como si fuese una carta de un sitiado defensor de la isla, para sumar a las cartas al director enviadas por otros ciudadanos y a otros artículos. Porque esta ha sido la sensación durante todo el mes de agosto.

Al final de la temporada, el Consell ha aceptado enmiendas presentadas por el PSOE en relación con la restricción de entradas en esta «Menorca-Iwo Jima». Pero no es suficiente y llega tarde. Ojalá llegue a tiempo para el verano de 2027, aunque con este Govern nunca se sabe, y menos aún cuando antes tenemos elecciones municipales, insulares y autonómicas y, muy cerca, las generales.

No solo es que la isla se haya visto invadida por un número de personas —por mar y aire— que excede con mucho la capacidad de los isleños y de los servicios de tierra. También se ha puesto en crisis el modelo de desarrollo presente y futuro. No podemos esperar más. Este es el gran debate político de las próximas elecciones: el ladrillo frente a la planta; las plazas de habitación frente a la clandestinidad en los arrendamientos; el agua frente a las plantas potabilizadoras; la vida del insular fuera de temporada frente a la del residente efectivo.

En los años ochenta del siglo XX, por presión de entidades ecologistas, se optó por un modelo que buscaba la Reserva de Biosfera, el Patrimonio de la Humanidad, el sostenimiento y el rechazo de las grandes masas turísticas y del ladrillo. El modelo resultó sostenible para generar riqueza en la isla hasta cierto nivel, pero no para ofrecer calidad de servicios a los isleños: agua, limpieza, vivienda, sanidad, educación o generación de riqueza no estacional.

Y generó otro efecto indeseado: la aparición de una economía sumergida dentro de la isla, puesta en marcha por los propios ciudadanos. Entramos en el problema del alquiler turístico ilegal, del alquiler privado de coches y de todo tipo de servicios «pirata».

También tiene su explicación. Superadas las plazas de habitación y existiendo carencia de vivienda, la riqueza se concentra en pocas manos y se reparte de forma muy desigual. Esto resulta insuficiente para una óptima calidad de servicios —para los que no se encuentran personas— y, al contrario, genera un incremento de precios que hace aún más difícil la vida aquí.

Calidad de vida, Patrimonio de la Humanidad, Reserva de Biosfera… ¿y? ¿Qué hacemos con esto? Si tenemos una universidad diminuta, no vienen médicos, tampoco maestros, los policías se marchan cuando terminan las prácticas, y no emprendemos nuevas actividades económicas no contaminantes o intelectuales que aumenten la generación de riqueza.

Nos estamos viendo abocados a restringir la entrada en la isla. Comprendo la polémica, pero se ha llegado hasta donde se ha llegado, y esto no puede ser igual que en otras islas. Esa restricción puede venir de tres puntos:

  • Turismo de alto standing: calidad frente a cantidad. El dinero debe repartirse en la isla y mediante contratación local.
  • Limitación numérica de accesos: personas, coches y especialmente autocaravanas, mediante controles en barcos y priorizando siempre al residente en billetes y precios.
  • Control del acceso aéreo: implica revisar los padrones en relación con los descuentos de viajes.

Pero también necesitamos cambiar la isla y reinvertir el dinero que se pueda obtener —mediante una subida de precios a los no residentes— en una forma diferente.

Ya lo expliqué en artículos anteriores: las coordenadas de la política de Menorca han de pasar necesariamente por aquí. Hace falta diálogo entre los dos partidos mayoritarios; un giro del PSOE hacia corrientes más de centroizquierda que de izquierda radical; y un cambio en la mentalidad del PP, que sea verdaderamente insular e independiente y deje de pensar en la calle Génova.

El cambio de talante en el PSOE, más ideológico y centrado, ya se estaba produciendo en la isla. El cambio de talante del PP no se estaba produciendo, instalado en un discurso que no sirve para esta ocasión. Los dos partidos tienen que ser valientes, indudablemente, pero los hijos y las generaciones que vienen —a quienes debemos dejar una isla para vivir en primer nivel de todas las calidades— no tienen ideología ni son políticos. Y esos sí que son de todos, como la isla.

Menorca no puede ser Iwo Jima: ni sitiada ni destruida. Las próximas elecciones han de ser unas elecciones de ideas y de proyectos claros y sin miedo, en las que se olvide la península y la política nacional. No se juega PP contra PSOE en la península ni aquí. Se juega Menorca.

«La libertad es la posibilidad del aislamiento. Si te es imposible vivir solo, naciste esclavo» (Fernando Pessoa). Y Menorca es una isla libre que no puede tener esclavos.

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia