Eva Remolina/AMIC
Los hábitos alimentarios que se adquieren durante la infancia a menudo se mantienen en la edad adulta. Por ello, fomentar una relación positiva con la comida desde bien pequeños es una inversión en salud presente y futura. No se trata solo de qué comen, sino de cómo, cuándo y en qué entorno lo hacen.
1. Predicar con el ejemplo
Los niños aprenden por imitación. Si en casa se consumen frutas, verduras y alimentos frescos de manera habitual, será más fácil que los integren con naturalidad. Las comidas compartidas en familia también refuerzan los buenos hábitos y crean un entorno seguro y agradable.
2. Ofrecer variedad desde pequeños
Introducir diferentes sabores, texturas y colores ayuda a ampliar su paladar. Es normal que rechacen algún alimento al principio; hay que ofrecerlo varias veces, sin presión. La constancia es más efectiva que la obligación. Se debe priorizar sobre todo: fruta y verdura diaria, legumbres y cereales integrales, proteínas de calidad (huevos, pescado) y el agua como bebida principal.
3. Evitar la comida como premio o castigo
Asociar alimentos (sobre todo dulces) con recompensas puede generar una relación emocional poco saludable con la comida. Es mejor reforzar conductas positivas con palabras, tiempo compartido o actividades agradables.
4. Crear rutinas y estructura
Establecer horarios regulares para las comidas aporta seguridad y ayuda a regular el hambre. Evitar el "picoteo" constante permite que el niño llegue con hambre a las comidas principales y coma de manera más equilibrada. También es recomendable:
- Comer sentado a la mesa.
- Evitar pantallas durante las comidas.
- Dar tiempo suficiente para comer sin prisas.
5. Implicarlos en la compra y la cocina
Llevar a los niños al mercado, dejarles ayudar a lavar verduras o preparar recetas sencillas aumenta su interés por los alimentos. Cuando participan en el proceso, están más dispuestos a probar lo que han ayudado a preparar.
6. Limitar ultraprocesados y bebidas azucaradas
Los productos ricos en azúcares añadidos, grasas poco saludables y sal pueden desplazar a los alimentos nutritivos. No es necesario prohibirlos por completo, pero sí reservarlos para ocasiones puntuales y evitar que formen parte de la rutina diaria.
7. Respetar la sensación de hambre y saciedad
Los niños suelen autorregular bien la cantidad que necesitan. Forzarlos a terminar el plato puede interferir en esta capacidad natural. Es preferible ofrecer porciones adecuadas y permitir que decidan si quieren más o no.
