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Menorca consolida en FITUR su modelo de turismo sostenible y desestacionalizado, impulsado por la guinda de la Unesco

La isla cierra una intensa agenda con el foco puesto en el patrimonio cultural, la mejora de la conectividad invernal y la reafirmación de la isla como un destino "slow"

Espacio de Menorca en el stand de Baleares en FITUR. (Foto: FFTM)
Espacio de Menorca en el stand de Baleares en FITUR. (Foto: FFTM)

La presencia de Menorca en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) de este año se ha saldado con un balance positivo y una hoja de ruta clara: la isla ya no busca batir récords de visitantes en agosto, sino seducir a un viajero consciente que valore el entorno y la cultura durante los doce meses del año. El stand de las Islas Baleares ha sido testigo de cómo la "hermana pequeña" del archipiélago ha sacado pecho de sus atributos más diferenciadores, logrando captar la atención de operadores y medios gracias, en gran medida, al reciente impulso de su patrimonio histórico.

Si hubo un protagonista indiscutible en la promoción menorquina en esta edición, ese ha sido la Menorca Talayótica. La reciente inscripción de sus monumentos prehistóricos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO ha servido como la tarjeta de presentación perfecta para redefinir la marca Menorca. Los medios de comunicación y los profesionales del sector han coincidido en señalar que este reconocimiento no es solo una etiqueta de prestigio, sino una herramienta fundamental para la tan ansiada desestacionalización.

El mensaje transmitido por las autoridades insulares y recogido por la prensa especializada ha sido contundente: Menorca ofrece ahora una experiencia cultural de primer orden mundial que no depende del clima. Los poblados talayóticos, las navetas y los recintos de taula se han posicionado en FITUR como un reclamo capaz de atraer a un perfil de turista interesado en la historia y el paisaje, dispuesto a viajar en otoño o primavera, aligerando así la presión de los meses centrales del verano.


La batalla por la conectividad aérea

Más allá del escaparate cultural, el trabajo en los despachos de IFEMA se ha centrado en la fontanería del turismo: las conexiones aéreas. Según las informaciones trascendidas durante la feria, la delegación menorquina ha mantenido una intensa agenda de reuniones con aerolíneas y turoperadores. El objetivo principal no ha sido tanto aumentar las plazas en julio y agosto —donde la capacidad ya roza el límite—, sino garantizar operativas estables en los meses de temporada media (abril, mayo, octubre) y, sobre todo, mejorar la conectividad invernal.

Los medios locales han destacado los esfuerzos por consolidar rutas con mercados emisores clave como el británico y el francés fuera de temporada alta, así como reforzar los lazos con el mercado nacional, que sigue siendo el más fiel a la isla. La estrategia pasa por convencer a las compañías de que existe una demanda real para viajar a Menorca cuando no hace tiempo de playa, siempre que la oferta cultural, gastronómica y deportiva esté bien empaquetada.


Sostenibilidad: de la teoría a la práctica

Como Reserva de Biosfera, la sostenibilidad ha sido el otro gran eje transversal de la presencia menorquina. Sin embargo, este año se ha intentado ir más allá del eslogan. En un contexto global donde la masificación turística empieza a generar rechazo en muchos destinos, Menorca se ha reivindicado en FITUR como el refugio del "slow tourism" en el Mediterráneo.

Se ha puesto en valor el producto local, la gastronomía kilómetro cero (heredera del mandato como Región Gastronómica Europea) y el turismo activo respetuoso, con el Camí de Cavalls como eje vertebrador. La idea fuerza es que el lujo en Menorca no se mide en ostentación, sino en silencio, espacio y naturaleza preservada.

En resumen, el paso de Menorca por esta edición de FITUR ha servido para madurar su discurso. La isla ha demostrado que tiene los deberes hechos en cuanto a definición de producto. El logro de esta feria no ha sido firmar contratos para traer a más gente, sino convencer al sector de que el futuro de Menorca pasa por gestionar el éxito con mesura, utilizando la potente palanca de la UNESCO para atraer a un turismo que aporte valor añadido sin comprometer el frágil equilibrio del territorio.

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Jordi Ribera

Periodista de Menorca al Dia