El último domingo de agosto ha amanecido en Menorca con esa luz densa y dorada que anuncia el declive imparable del verano. A las ocho de la mañana, la brisa del oeste apenas lograba mover las copas de los pinos en S’Albufera des Grau, mientras la isla despertaba bajo un cielo despejado que promete ser el escenario de una jornada plenamente festiva y playera.
A lo largo de la mañana, los termómetros irán escalando sin prisa pero sin tregua hasta fijar las máximas en torno a los 31°C en puntos del interior como Ferreries o Alaior, mientras que en la costa la sensación térmica será algo más suave. Con un índice de radiación ultravioleta rozando el nivel 7 en las horas centrales, las sombrillas han comenzado a colonizar desde primera hora las arenas de Son Bou, Macarella y Cala en Porter.
El viento, tímido y casi testimonial, soplará flojo del oeste apenas rozando los 6 km/h. Esta calma chicha garantizará un mar plano como un espejo en prácticamente todo el litoral, ideal para las embarcaciones recreativas y los bañistas que buscan apurar los últimos coletazos de las vacaciones de agosto.
