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"Soldadito español"

Un artículo de Adolfo Alonso

Soldados españoles en atreas de patrullaje y reconocimiento.
Soldados españoles en atreas de patrullaje y reconocimiento.

Soldadito valiente. Así empieza una canción tipo marcha, tipo pasodoble o tipo el paso de la cabra de la Legión. A mí me gustan más los Suspiros de España de la película Soldados de Salamina.

Ceuta lleva desde finales de julio en un suspiro continuo. Pero allí la música suena a marcha fúnebre. Para la ciudad, para los emigrantes que siguen allí, para el Gobierno y para el resto de la península. Nadie puede esconderse del problema. Y, como dijo alguien, esto no es un problema: es un «problemón» entre el ministro del Interior, la ministra de Defensa y el presidente del Gobierno. A todo esto se suman informes policiales y de inteligencia que se filtran sin control. Con este ruido, la magistrada de la Audiencia Nacional recuerda a Miralles, el personaje de Soldados de Salamina: baila bajo la tormenta con su fusil Mauser como pareja.

El título del artículo no viene de esa canción. Viene de las imágenes de los soldados españoles en Ceuta, y sobre todo de una foto reciente: soldados con muchos galones.

Recuerdo un artículo mío unas navidades, sobre la Pascua Militar. Reflexionaba sobre el Rey, general en jefe de las Fuerzas Armadas, y su discurso. Su relación con el Ejército es más que protocolaria: es uno de ellos. Ha vivido con ellos, ha sido compañero de promoción, ha hecho maniobras. Su tono cambia cuando les habla; se siente cómodo. También comenté el relevo en la Guardia Real: no es solo montar a caballo. Es una unidad muy preparada, y quien la manda —nombrado por él— es un militar joven y cualificado.

En este contexto, vemos a los soldaditos españoles reducidos a casi nada: gorra de legionario, una porra, ningún arma y cara de despiste. Ni fusil, ni gorro de Regulares, ni boinazos.

Y de pronto, la Casa Real publica una foto del Rey, de uniforme, reunido con la ministra de Defensa y con la cúpula militar. La Casa Real, no un periódico. No un freelance. Y por primera vez. El Gobierno dice que es una reunión normal. Puede ser. Pero esto no es una reunión: es una foto. Y la foto, con todos los problemas que tenemos, es un aviso. Un mensaje. Un recordatorio.

El presidente del Gobierno no tiene uniforme; el Rey sí. Eso le da una auctoritas que no quiere que se olvide. En medio del debate sobre si debe ir a Ceuta y de las buenas relaciones con Marruecos, Felipe VI se ha puesto el uniforme. No olvida que la familia real marroquí y la suya son muy cercanas. Y ha lanzado la foto como quien golpea la mesa.

El uniforme dice: «Estoy aquí». Y quizá también dice que está cansado de muchas cosas: de la frontera, de la política. Él no hará nada; los militares de grados inferiores, no lo sabemos. Ya hubo ejemplos: Armada, Milans del Bosch. Podría haber otros cuando florezcan los almendros.

La ministra de Defensa está ocupada defendiendo al CNI y a los servicios de información. El ministro del Interior, en cambio, está en lo contrario. Ella no aplaude el discurso del number one y aparece en la foto con el Rey en la Zarzuela. El «problemón» del diputado Rufián, vestido de nacionalista y hablando de traidores.

A esto se suma otro asunto: el ministro del Interior tiene una lista de más de 200 periodistas fichados por afinidad o fobia política. Esto también lo hacía Franco. Nos falta la censura y la revista La Codorniz, pero de existir no se libraría de la sátira.

Mientras esperamos la sentencia del ministro del Interior del PP, nuestro ministro hace listas, no se entera de lo de Ceuta y se enfrenta a la Guardia Civil y a la Policía. Mientras tanto, la gerente del PSOE pasa por la Audiencia Nacional, la «fontanera» del PSOE da titulares y Villarejo aparece y desaparece. Algo huele a podrido y a guerra sucia.

Empieza el curso en el Tribunal Supremo y vemos la bronca de la presidenta del Consejo General del Poder Judicial al ministro de Justicia, y la de la fiscal general del Estado. Se desclasifican informes que no deberían haberse desclasificado. Algunos miembros del Gobierno disparan contra los jueces y hablan de lawfare. La cloaca toca tambores de guerra, pero nadie escucha. O escuchan y callan.

El soldadito español, sin fusiles ni tanques en Ceuta, no tiene nada que ver —por ahora—. Pero hay indicios de que un día podría cogerlos. Como un 18 de julio del 36. El 17 en Ceuta, para ser exactos. Y no para bailar Suspiros de España con un CETME, sino El novio de la muerte con la bayoneta. Sería cruento: los agravios se acumulan y la extrema derecha sube.

Ni se arregla lo de Ceuta, ni la foto del general en jefe, ni la democracia parlamentaria, ni la Constitución. Guardia Civil, Policía y Ejército chocan entre sí. El Gobierno no controla estas áreas, y conviene recordar que son más leales al Rey que al presidente y los ministros.

Con tanto desarreglo, España parece una piel de toro llena de banderillas y rejones.

Duele vernos así: disgregados, enfrentados, sin una política común. Pero debemos vernos, porque si anticipamos el carnaval y los disfraces, no sabremos quiénes somos. Duele ver cómo algunos odian a España hasta desear que pierda. Duele ver cómo se usa la bandera en manifestaciones donde no debería estar. Pero no podemos convertirnos en los personajes de Goya, dándonos de garrotazos.

Soldadito español, soldadito valiente: que no te puedan ni las máscaras, ni las banderas ni los patriotas de cualquier patria del siglo XXI.

J

Jordi Ribera

Periodista de Menorca al Dia