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"18 de julio de 1936"

Un artículo de Adolfo Alonso

(Imagen generada por ChatGPT)
(Imagen generada por ChatGPT)

Me cuesta elegir el tema del artículo. La actualidad ofrece tentaciones —investigaciones, filtraciones, presiones, imprudencias políticas—, pero hoy es 18 de julio, y esa fecha pesa más que cualquier titular. Hace noventa años, un 17 de julio en Ceuta, comenzó un levantamiento oscuro que se propagó como una fiebre por los cuarteles de la península. La República, sorprendida y dividida, no pudo contener ni la rebelión militar ni la revolución paralela al levantamiento y simultánea que ardía en las calles.

España se quebró según los militares tomaban o perdían el control de cada ciudad. Fue una fractura súbita, brutal, como si el país hubiese estado esperando demasiado tiempo para romperse.

El 18 de julio de 1936 no fue solo un golpe: fue la detonación de un siglo entero. Estallaron la miseria obrera, las soberbias burguesas, las doctrinas católicas, las revoluciones fracasadas y los resentimientos acumulados. Palma cayó en manos de los sublevados; Menorca, en las de las milicias populares. Pueblo a pueblo, la geografía se convirtió en destino y frontera.

Luego llegó el paso del Estrecho: tropas africanas que desembarcaban en una península seca, abrasada, que pronto se empapó de sangre. Fue una siega cainita, una venganza de los más pobres, de los más fanáticos, de los más ignorantes. Los intelectuales republicanos fueron engañados por ambos bandos. No hubo tregua. No hubo negociación. Solo exterminio.

Se la llamó “Guerra Civil”. Yo no lo creo. Una guerra civil es un enfrentamiento dentro de una misma sociedad. Aquí no hubo sociedad: hubo dos proyectos incompatibles, dos formas de entender el poder, dos maneras de negar al otro. Lo que estalló fue una matanza entre quienes ya no se reconocían como parte de un mismo país.

El resto es historia: muertos, exilios, una dictadura de cuartel revestida de liturgia católica y estética fascista. Franco, señor de El Pardo, verdugo hasta el final.

Ese enfrentamiento no terminó en 1936. Se prolongó, en diferentes formas, hasta la Constitución de 1978, que fue más que un texto jurídico: fue un tratado de paz.

Hoy ese pacto está en riesgo.

La causa es conocida: olvidar la historia o invocarla como arma. Los viejos vampiros vuelven a pedir sangre porque nunca se les clavó la estaca, solo la bala. Cuando escucho nacionalismos decimonónicos, discursos que resucitan la CEDA o relatos que agitan los fantasmas del pasado, quisiera pedir que se detengan. Que no jueguen con esto. Que el volcán sigue ahí, bajo nuestros pies, y las aguas pueden volver a arrastrarlo todo.

La memoria democrática es un error mal gestionado; Feijóo es otro error histórico que resucita el pasado y deja resentimientos o ánimos de venganza, mientras un general de la Guardia Civil discute con otro pidiendo neutralidad para el cuerpo y que no se le utilice en política. Todo esto es muy grave, y el lawfare no sirve de excusa.

Hoy, 18 de julio de 2026, es un día de memoria. Y quizá también de reflexión. Desde esta isla, frontera del mundo en su límite, el recuerdo se siente como una piedra incrustada en el riñón de la sociedad. No la movamos. No provoquemos otra vez lo que ya conocemos en nuestra historia.

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia