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Carta al director: "El impacto de la torre de Binisafua Playa"

Por Carola Urrestarazu

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(Fotos: CAROLA URRESTARAZU)

Hay lugares que forman parte de tu vida, aunque no hayas nacido en ellos. Para mí, Menorca es uno de ellos.

Llevo más de 25 años viniendo a esta isla. Aquí me casé. Aquí bauticé a mis hijos. Aquí tenemos nuestra casa familiar, en Binisafua Playa. Vivimos fuera de España, pero cada verano volvemos con la misma ilusión de siempre: reencontrarnos con esa Menorca tranquila, cuidada y única que tanto admiramos.

Por eso, cuando llegué hace una semana, me quedé completamente en shock.

Donde antes solo se veía el cielo, el mar y las casitas blancas de Binisafua, ahora se alza una torre de telecomunicaciones de 23 metros, instalada a escasos metros de la costa. Un enorme mástil que rompe por completo la armonía del paisaje y que resulta visible desde el mar, desde las viviendas y desde prácticamente cualquier punto del núcleo urbano.

Lo que más me cuesta entender no es solo que exista esa antena, sino que nadie parezca asumir la responsabilidad de que esté ahí. Unos dicen que es competencia de otros; otros afirman que todo cumple la normativa. Mientras tanto, la torre sigue donde está.

Y ahí es donde siento que algo falla.

¿Cómo es posible que una isla que presume, con razón, de ser Reserva de la Biosfera permita una infraestructura de este impacto en un enclave tan sensible? Siempre se nos ha explicado que Menorca era diferente precisamente porque había sabido proteger su paisaje, limitar determinadas construcciones y priorizar la conservación frente a otros intereses.

¿En qué momento dejamos de pensar así?

No escribo estas líneas desde una posición política ni técnica. Escribo como alguien que ama profundamente esta isla y que siente una enorme tristeza al verla cambiar de esta manera.

Durante décadas he visto cómo Menorca conseguía conservar su esencia mientras otros lugares del Mediterráneo la perdían. Esa ha sido precisamente su mayor riqueza. Su paisaje no es un lujo; es su identidad.

Hoy, sin embargo, ese paisaje ha cambiado de forma drástica.

Y también me preocupa el futuro. Cuando esa instalación entre plenamente en funcionamiento, convivirá con cientos de familias que viven o veranean a escasos metros, muchas con niños pequeños. Más allá del debate técnico sobre las emisiones, es inevitable preguntarse por el ruido, el impacto visual permanente y la transformación de un entorno que hasta ahora era un refugio de calma.

No podemos normalizar que una estructura de estas dimensiones pase a formar parte del paisaje de uno de los rincones más bonitos de Menorca.

Ojalá esta situación sirva, al menos, para abrir un debate serio sobre cómo queremos proteger la isla. Porque si aceptamos que esto ocurra aquí, ¿qué impedirá que vuelva a ocurrir en cualquier otro rincón de Menorca?

Todavía estamos a tiempo de encontrar una solución que compatibilice las necesidades de telecomunicaciones con el respeto al paisaje. Lo que no podemos hacer es resignarnos.

Quienes queremos esta isla, seamos residentes todo el año o quienes regresamos verano tras verano desde hace décadas, sentimos que Menorca merece algo mejor.

Adjunto varias fotografías tomadas estos días desde distintos puntos de Binisafua Playa, desde el mar y desde las viviendas cercanas, para que cada lector pueda juzgar por sí mismo el impacto que esta infraestructura tiene sobre uno de los paisajes más emblemáticos de nuestra isla.

Gracias por su apoyo siempre

Carola Urrestarazu

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia