El Principal de Maó acogió esta tarde la representación de 'Petites tragèdies' de la compañía Iguana Teatre que, precisamente hoy, cumple 40 años. La función demostró que el teatro tiene una capacidad única para demostrar que, aunque los siglos pasen y la tecnología avance, el motor del ser humano sigue funcionando con el mismo combustible: las pasiones. Esta es la premisa que late en 'Petites tragèdies', la última propuesta de la prestigiosa compañía Iguana Teatre, que bajo la dirección y dramaturgia de Pere Fullana ha logrado algo complejo: extraer la esencia de un genio del siglo XIX como Aleksandr Pushkin y hacerla sangrar en pleno siglo XXI.
Un rompecabezas de pasiones universales
La obra no es una historia lineal, sino un políptico de cuatro piezas que funcionan como espejos deformantes de nuestra propia naturaleza. La adaptación libre de Fullana toma el ciclo original de Pushkin y lo despoja de los corsés de época para dejar al descubierto los huesos de la emoción.
La representación transcurre como un viaje por los rincones más oscuros del alma:
- En 'El convidat de pedra', el espectador asiste a la danza macabra del amor y el engaño.
- Con 'El cavaller avar', la atmósfera se espesa para retratar una avaricia que, en esta versión contemporánea, resuena con la frialdad de los mercados financieros actuales.
- 'Mozart i Salieri' sigue siendo el estudio definitivo sobre la envidia ponzoñosa, esa que nace de reconocer el genio ajeno como una ofensa personal.
- Finalmente, el 'Faust' de esta producción cierra el círculo con un grito sobre la ambición desmesurada, recordándonos que el deseo de tenerlo todo suele ser el camino más corto hacia la nada.
Pushkin, el precursor inesperado
Lo que Iguana Teatre pone sobre las tablas es un recordatorio de por qué Pushkin fue un visionario. La crónica de esta representación no puede obviar el carácter casi "postmoderno" del autor ruso. En la puesta en escena se percibe esa libertad formal: hay juegos con el contexto, citas literarias que funcionan como guiños al espectador y un deliberado uso del engaño narrativo.
Pere Fullana ha sabido leer esa vitalidad original y la ha traducido a un lenguaje escénico actual. El vestuario, los espacios y el imaginario visual huyen de los museos para instalarse en el "aquí y ahora". No vemos a personajes de 1830; vemos a hombres y mujeres de hoy, vestidos como nosotros, moviéndose por espacios que reconocemos, pero atrapados en dilemas que son eternos.
Un espejo frente al espectador
La fuerza de esta adaptación reside en su capacidad para que estas ‘pequeñas tragedias’ no resulten ajenas. Al actualizar la acción, Iguana Teatre consigue que el espectador no se limite a observar un clásico, sino que se sienta interpelado por él. La envidia de Salieri ya no es solo una anécdota musical; es la competitividad tóxica de nuestra oficina. La avaricia del caballero ya no es un cofre con monedas; es la acumulación compulsiva de una sociedad que ha perdido el norte.
En definitiva, 'Petites tragèdies' es una lección de vigencia. Una obra donde el texto de Pushkin respira con fuerza gracias a una dirección inteligente y a una interpretación que entiende que la tragedia, por pequeña que sea, siempre es inmensa para quien la vive.
A destacar que la obra se pudo representar en Maó casi de milagro. El mal tiempo demoró la llegada por mar de todo el material de atrezzo para el montaje. No obstante, en el último instante el ferry con la carga atracó en Maó y se pudo ofrecer la función
