El Mundial de fútbol se ha convertido en uno de los grandes dinamizadores de este verano en Menorca, aunque su impacto no se reparte por igual. Según señala el presidente de la asociación de Bares, Cafeterías y Restaurantes de PIME, Antoni Sansaloni, el torneo ha dibujado un escenario a dos velocidades en la isla: por un lado, los pubs y bares de zonas turísticas equipados con pantallas gigantes están haciendo "su agosto" particular gracias a la enorme afluencia de aficionados durante los partidos de la selección; por el otro, los restaurantes tradicionales y locales pequeños apenas sufren el vacío de las jornadas mundialistas, beneficiándose directamente de aquellos clientes que buscan una cena tranquila lejos del bullicio deportivo.
Este empuje del fútbol alivia a un sector que, no obstante, navega una temporada compleja marcada por la contención del gasto. El encarecimiento generalizado de la vida ha obligado a los turistas a priorizar los costes del viaje, billetes, alojamiento y coche de alquiler, en detrimento del ocio y las comidas fuera de casa. De hecho, se detecta un aumento notable de las compras completas en supermercados para cocinar en los apartamentos de alquiler, restando visitas a los comedores de la isla.
La radiografía del consumo durante estas semanas de Mundial también muestra un comportamiento muy dispar según la nacionalidad. Mientras que los visitantes franceses y nórdicos mantienen un poder adquisitivo alto que no se resiente ante los precios locales, el turista nacional y el británico miran con lupa cada euro. En el caso de los ingleses, penalizados por el Brexit y el cambio de divisa, se observa una caída significativa en el consumo y la práctica desaparición de las tradicionales propinas.
A esto se suman los desafíos estructurales que los goles no pueden resolver, una acuciante falta de personal que ha obligado a muchos restauradores a reducir el número de mesas para poder dar el servicio con garantías, y una creciente rigidez horaria en el registro de jornadas que, según lamenta la patronal, está restando esa calidez y flexibilidad tan características de la sobremesa menorquina.
