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ERP, facturación y gestión fiscal: qué necesita realmente una empresa según su tamaño

Los controles de la Agencia Tributaria sobre las facturas obligan a vigilar como se emiten

Facturar correctamente es esencial para evitarse problemas fiscales.
Facturar correctamente es esencial para evitarse problemas fiscales.

En muchos negocios, y entre los profesionales autónomos, tarde o temprano llega a la conversión el tema de la gestión administrativa y la inversión en tecnología: “¿Necesitamos un ERP o con un programa de facturación tenemos suficiente?” Una pregunta cada vez más recurrente que, sin embargo, no tiene una respuesta única. Esta depende del tamaño, del volumen de operaciones y de qué procesos o departamentos hay que conectar entre sí.

Y es que un autónomo que factura a diez clientes al mes y presenta sus impuestos trimestralmente tiene unas necesidades muy distintas a las de una empresa con almacén, equipo de ventas, nóminas y varias líneas de negocio. Usar la misma herramienta para los dos casos no tiene sentido. Tampoco tiene sentido que el autónomo invierta en un ERP que no va a aprovechar, ni que una empresa mediana intente gestionarlo todo con una hoja de cálculo y un generador de facturas básico.

Por suerte para el tejido empresarial, el mercado de software de gestión para empresas y autónomos en España ha madurado mucho en los últimos años. Hay soluciones gratuitas que cubren perfectamente las necesidades de un pequeño negocio, y hay plataformas escalables que crecen con la empresa y que ya permiten hacer el proceso de factura online de forma sencilla.

¿Cómo elegir correctamente? Conociendo exactamente qué procesos hay que automatizar, qué datos hay que conectar y, al hablar de contabilidad y facturación, qué obligaciones fiscales hay que cumplir sin errores.


Qué es un ERP y en qué se diferencia de un software de facturación

Un ERP (Enterprise Resource Planning) es una plataforma que integra en un solo sistema los procesos principales de una empresa: compras, ventas, almacén, producción, contabilidad, nóminas y gestión de clientes. Todo conectado, con datos que se actualizan en tiempo real entre departamentos. Por ello, es la solución adecuada cuando la empresa tiene el suficiente volumen y complejidad para que la falta de integración cause errores, duplicidades o pérdida de información.

En cambio, un software de facturación resuelve un problema más acotado: emitir facturas válidas para Hacienda, llevar el control de ingresos y gastos, gestionar impuestos y generar los modelos tributarios obligatorios como la presentación del modelo 390. Para un autónomo, una asesoría pequeña o una pyme con operaciones sencillas, esa cobertura podría ser suficiente.


Cuándo tiene sentido contar con un ERP y cuándo es demasiado

La tentación de implementar un ERP antes de tiempo es frecuente en las empresas que crecen rápido. El argumento puede parecer razonable: mejor prepararse para el futuro. El problema es que un ERP mal dimensionado consume recursos de implementación, formación y mantenimiento que una empresa pequeña no puede asumir sin que eso afecte a su operativa diaria.

Para disipar dudas, un ERP tiene sentido cuando se dan al menos tres de estas condiciones:

  • Hay varios departamentos que necesitan compartir datos en tiempo real (ventas, almacén, contabilidad)
  • El volumen de transacciones hace inviable gestionar cada área con herramientas separadas
  • La empresa tiene empleados cuyas nóminas hay que integrar con la contabilidad
  • Hay procesos de producción o logística que requieren trazabilidad de materiales o stock
  • La dirección necesita informes consolidados que cruzan datos de múltiples áreas

Por debajo de ese umbral, un software de facturación integrado con gestión fiscal resuelve el 90% de las necesidades administrativas con una curva de aprendizaje mínima y un menor coste de implementación.


El reto de autónomos y pequeñas empresas: el ciclo fiscal

La gestión fiscal es el área donde más errores se cometen en los negocios pequeños, y casi todos tienen el mismo origen: datos de facturación que no están bien registrados cuando llega el momento de presentar los modelos tributarios. Una factura emitida fuera de plazo, un tipo de IVA incorrecto o una retención de IRPF mal aplicada se convierten en un problema cuando la declaración no cuadra.

En líneas generales, el ciclo tributario de un autónomo tiene cuatro declaraciones trimestrales del IVA (Modelo 303) y un resumen anual que las consolida. Este último, que es la  presentación del modelo 390, recoge todas las operaciones del ejercicio, cruza los datos con las declaraciones trimestrales y cierra el año fiscal ante Hacienda.

Si las facturas han estado bien registradas durante el año, ese proceso es prácticamente automático. Si no lo han estado, el Modelo 390 es donde aparecen todos los problemas acumulados. Para facilitar esta gestión, contar con un software de facturación y contabilidad es indispensable al automatizar los cálculos según la normativa vigente.

Soluciones como Contasimple, desarrollada por Cegid, están diseñadas con esa finalidad: la facturación, la gestión de gastos e impuestos y la contabilidad comparten un mismo origen de datos para facilitar la gestión fiscal de los profesionales.

Además, son compatibles con Verifactu, el sistema de registro de facturación de la AEAT que entrará en vigor de forma progresiva en los próximos meses. Para una pyme o un autónomo que quiera estar preparado para los cambios normativos que llegan, una solución como la de Contasimple es esencial para aumentar la eficacia y eficiencia.

Y si gestionas una empresa grande, con muchos departamentos y datos que deben interrelacionarse, debes dar el salto a un ERP que conecte las áreas del negocio. La rentabilidad de tu negocio está en juego.



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Redacción

Periodista de Menorca al Dia