Esta madrugada, España adelanta sus relojes: a las 2:00 serán las 3:00, lo que significa que dormiremos una hora menos. Este ajuste marca la llegada del horario de verano y trae consigo días más largos y más horas de luz solar.
El cambio de hora se produce cada año el último domingo de marzo en países de toda Europa. Aunque se trata de un gesto automático, sus efectos van mucho más allá de mover las agujas del reloj: reorganiza nuestros horarios, altera los hábitos diarios y afecta al organismo.
Este ajuste convierte el día en una jornada de solo 23 horas, en un momento en el que la luz comienza a ganar protagonismo tras el invierno. No es solo una cuestión técnica: el cuerpo necesita adaptarse progresivamente a un nuevo ritmo biológico, algo que puede influir en el descanso, la concentración y el estado de ánimo.
A lo largo del año se realizan dos cambios horarios. El primero tiene lugar en primavera, mientras que el segundo llega en otoño, concretamente el último domingo de octubre, tal y como establece el Boletín Oficial del Estado.
El origen de esta práctica se remonta a 1918, y aunque sigue vigente en gran parte de Europa, continúa siendo objeto de debate. El próximo ajuste será el 25 de octubre, cuando a las 3:00 habrá que retrasar el reloj a las 2:00, dando lugar a un día de 25 horas.
