Las vacaciones de Navidad suelen venir acompañadas de horarios más flexibles, comidas diferentes, más tiempo frente a las pantallas, visitas familiares y una intensa carga emocional. Todo ello forma parte de unas fiestas necesarias y positivas. Sin embargo, cuando llega enero, retomar la rutina escolar puede resultar complicado, especialmente para los niños y niñas.
En Menorca, donde el calendario escolar marca el regreso a las aulas tras las fiestas, muchas familias se enfrentan al reto de recuperar hábitos y horarios sin generar estrés. La adaptación requiere tiempo, paciencia y acompañamiento. Estas son algunas claves prácticas para facilitar la vuelta a la normalidad.
Volver poco a poco
Uno de los errores más frecuentes es intentar retomar la rutina de forma brusca. Los cambios repentinos pueden provocar cansancio, frustración o mal humor. Lo más recomendable es hacer una transición progresiva: adelantar la hora de ir a dormir unos días antes del regreso al colegio, recuperar horarios de comidas más regulares o reducir gradualmente el tiempo de pantallas.
La importancia de los horarios estables
Los niños necesitan referencias claras en su día a día. Horarios previsibles para levantarse, comer, hacer deberes y acostarse les aportan seguridad y les ayudan a regular mejor el descanso y la energía. Tras las vacaciones de Navidad, volver a establecer estas pautas es esencial para facilitar la adaptación escolar y evitar el agotamiento.
Preparar el cuerpo y la mente
El descanso es fundamental. Dormir las horas necesarias y con buena calidad favorece la concentración, la regulación emocional y un inicio de día más tranquilo. Crear rituales antes de ir a dormir, como leer un cuento, comentar cómo ha ido el día o escuchar música relajante, puede ayudar mucho a recuperar el ritmo.
A nivel emocional, también es importante hablar del regreso al colegio. Escuchar cómo se sienten, validar si están cansados o poco motivados y explicarles qué les espera les aporta calma, seguridad y confianza.
Rutinas claras, pero flexibles
Las rutinas deben ser una guía, no una imposición rígida. Adaptarlas a cada familia y a cada niño es clave. Horarios visuales, listas de tareas o pequeños recordatorios pueden ayudar a los más pequeños a organizarse mejor. Al mismo tiempo, es importante mantener cierta flexibilidad durante los primeros días y entender que el proceso de adaptación lleva su tiempo.
Dar ejemplo en casa
Los niños aprenden observando. Si los adultos también recuperan hábitos saludables, horarios estables y rutinas, a los más pequeños les resultará más fácil imitarlos. Acompañar este proceso con calma, sin prisas ni reproches, ayuda a que la vuelta a la rutina no se viva como un castigo, sino como algo natural.
Celebrar los pequeños logros
Cada avance cuenta: levantarse sin protestar, acostarse antes, preparar la mochila solos o cumplir con las rutinas diarias. Reconocer y celebrar estos pequeños éxitos refuerza la autoestima de los niños y les motiva a seguir adaptándose.
La vuelta a la rutina tras Navidad puede convertirse en una oportunidad para reforzar hábitos saludables y el bienestar familiar, también en Menorca. Con acompañamiento, paciencia y pequeños pasos, el regreso al día a día será mucho más llevadero para todos. 👨👩👧👦✨
