"Al llavi una flor i l'espasa ferma". Con palabras de Joan Salvat Papasseit, Maite Salord condensó poéticamente en la sesión de investidura su voluntad de encabezar en el Consell de Menorca un gobierno fuerte, más equilibrado que nunca, integrador, atento a las personas, el paisaje, la lengua y la cultura. La institución insular ha comenzado a trabajar esta semana después de otras cinco de intensas negociaciones, en las que pactar el programa fue relativamente sencillo y en las que se esbozó un organigrama que se está intentando cerrar de una manera un tanto diferente, y esperanzadora, que la utilizada en anteriores ocasiones.
El nuevo gobierno tiene claro que "el tiempo de violines y violas" -en palabras de uno de sus miembros- será corto y que muy pronto deberá tomar decisiones delicadas, habida cuenta el alto nivel de exigencia que impone el pacto y el hecho de que las distancias que durante el mandato del PP impidieron el consenso en torno a iniciativas de gran impacto -reforma de la carretera general en el tramo Maó-Alaior, Norma Territorial Transitoria, Ley Turística, TIL...- "obliga" ahora a tirarlas atrás y a empezar de cero
El tripartito insular quiere dar la prioridad a las personas por contraposición a un mandato en el que el Consell ha debido emplearse a fondo para poner en orden las cuentas de la institución. Como esto de la gestión pública está muy enrevesado nadie puede asegurar que los nuevos gobernantes no se encuentren sorpresas en los cajones. Parece que no va a ser así- se ha anunciado un remanente de tesorería de 25 millones (con 18 millones pendientes de cobro y ¿cuántos obligaciones pendientes de pago?)- y que algo hemos aprendido con esta crisis, a ser rigurosos con el gasto público, de lo cual me alegro.
Indemnizaciones millonarias aparte con las que el nuevo gobierno insular tendrá que lidiar en una suerte de justicia cósmica -ya que a un, como mínimo, descuido imperdonable del último gobierno de pacto de izquierdas debe atribuirse la más abultada de todas, la de Cesgarden, la nueva etapa comienza con un Consell saneado y con una dinámica de gasto corriente normalizada. Cambiar las prioridades es muy legítimo pero la gestión cuidadosa tiene pocos secretos: no gastar más de lo que se ingresa, racionalizar el gasto , optimizar los ingresos y mantener un control exhaustivo.
El argumento de gestionar de manera eficaz no es ilusionante -el PP ha pagado en las urnas, entre otras cosas, una reivindicación de sus gobiernos basada en este mensaje- porque, como el valor al soldado, a los políticos se les exige como mínimo que sean rigurosos y transparentes con la cosa pública. Pese a ello, no cabe duda que el ciudadano, en muchas ocasiones proveedor de la Administración, ha notado un cambio en estos cuatro años y derrochar esta herencia, yéndose al otro extremo, sería un paso atrás, que, a buen seguro, este gobierno no querrá dar.
