Menorca acoge desde mañana una nueva edición de Alergomenorca, un encuentro que reunirá durante dos días a especialistas en Alergología y profesionales de otras áreas clínicas vinculadas a esta especialidad. La cita, que este año celebra su décimo aniversario, volverá a poner el foco en la situación de la atención alergológica en Baleares y en los retos que todavía tiene por delante.
Con motivo de este encuentro, desde Menorcaaldia hemos hablado con uno de sus participantes, el doctor Ignacio Jesús Dávila González, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, jefe del Servicio de Alergia del Hospital Universitario de Salamanca y catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca.
¿Por qué es importante celebrar un encuentro como Alergomenorca y qué esperan conseguir con esta edición?
Alergomenorca celebra este año su décimo aniversario, y esto ha sido posible gracias al empuje del doctor César Alías y de la doctora Ana Elices. Es un punto de encuentro entre los alergólogos de las Islas Baleares, que se ha ido desarrollando con el tiempo, y también con especialistas del resto de España.
Además, Alergomenorca ha tenido siempre un cierto enfoque dirigido a ayudar a conseguir la creación de un servicio de Alergología en las Islas Baleares. Se ha ido celebrando a lo largo de los años con distintas temáticas y, en las últimas ediciones, también se han organizado reuniones con grupos políticos en el contexto de Alergomenorca.
Una de esas reuniones dio lugar al llamado “Pacto del Hamilton”, que finalmente permitió, por acuerdo entre todos los grupos políticos, que se impulsara la creación de un servicio de Alergología en las Islas Baleares.
Por tanto, es un punto de encuentro entre los alergólogos de Baleares, que tradicionalmente eran todos del ámbito privado, y también del resto de España. Además, permite abordar distintos temas relacionados con la alergia.
En el programa participa en la inauguración oficial, modera una mesa e interviene en otras sesiones. ¿Cómo describiría su papel en este encuentro?
En mi caso, tengo un papel más institucional, como presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, que estrictamente científico.
Una de las mesas es con los distintos grupos políticos, que supone una reedición del “Pacto del Hamilton” sobre la situación de la Alergología en las Islas Baleares. La otra cuenta con cargos académicos y se centra en la docencia de la Alergología a nivel de pregrado, es decir, en la Facultad de Medicina, también en el ámbito de las Islas Baleares.
Usted ya estuvo en la anterior edición de Alergomenorca. Un año después, ¿ha cambiado algo en la situación de la Alergología en Baleares o siguen los mismos retos sobre la mesa?
Básicamente, los retos continúan, pero la situación es mejor. El Servicio de Alergología de las Islas Baleares se inauguró, creo recordar, en enero del año pasado, y ha continuado su marcha.
Ahora ya hay alergólogos que acuden, creo que cada quince días, a Ibiza y a Menorca. Se han abierto tres plazas de Alergología y una de ellas ya corresponde a la jefatura de servicio, ocupada por la doctora Sendy Chugo. Además, hay un pediatra que también ayuda y participa en el servicio.
También se ha conseguido, o se está en camino de conseguir plenamente, que sea un servicio diferenciado. Antes, la única alergóloga que había estaba integrada en Otorrinolaringología. Por otro lado, acaba de salir la convocatoria de la cuarta plaza de alergólogo.
El compromiso era alcanzar cinco plazas. La cuarta tenía que haber salido el año pasado y ha salido este año. Por eso seguimos celebrando estas reuniones, que también ayudan a promocionar el desarrollo de la Alergología en las Islas Baleares.
Creo que la situación ha mejorado, pero todavía queda avanzar: consolidar la quinta plaza y plantear hacia dónde debe ir el servicio en el futuro. Por ejemplo, sería importante que el Servicio de Alergología de Son Espases pudiera incorporar en el futuro la formación de residentes. Para eso hace falta que el servicio lleve al menos dos años funcionando, pero creo que el hospital tiene nivel suficiente, tanto en el aspecto clínico como en el de investigación, para aspirar a una acreditación docente.
Esa acreditación se concede a nivel nacional, a través de la Comisión Nacional de la Especialidad, pero creo que sería un servicio con muchas posibilidades de conseguirla. Contar con residentes le daría una base para seguir ampliando la asistencia alergológica en las Islas Baleares.
En definitiva, se ha avanzado en la mejora de la asistencia alergológica y se ha extendido la atención a dos islas más, pero todavía quedan cuestiones por resolver.
¿Qué suponía para los pacientes alérgicos de Baleares que la atención estuviera fragmentada entre distintas especialidades y no existiera un servicio específico de Alergología?
En Baleares, llevábamos unos diez años intentando conseguir la creación de un servicio de Alergología, algo que debería haber existido desde hace mucho tiempo. Poco a poco se ha ido consolidando, pero durante años se dio una situación paradójica.
Para atender a los pacientes alérgicos se creó el Consejo de la Alergia, en el que había, si no recuerdo mal, un internista, un farmacólogo clínico, un dermatólogo, un neumólogo, un otorrinolaringólogo y alguna persona más. Eso complicaba muchísimo la asistencia, porque estaba muy fragmentada.
Los pacientes no tenían una visión global de sus enfermedades. Y ese es un punto importante, porque las enfermedades alérgicas se asocian entre sí.
Esa visión global no estaba garantizada, porque cada especialista atendía la parte correspondiente a su área: el otorrino, la nariz; el neumólogo, el asma; el dermatólogo, la dermatitis o la urticaria; y el farmacólogo clínico, en cierta medida, la alergia a medicamentos.
Eso impedía integrar bien las distintas enfermedades bajo un mismo prisma. Además, había muchas actuaciones que no se realizaban.
Por ejemplo, en alergia a alimentos no había un diagnóstico de precisión que permitiera identificar los alérgenos responsables o las moléculas alergénicas implicadas, que es lo que se hace actualmente. Tampoco había posibilidad de acelerar la tolerancia en los pacientes mediante procedimientos como la inducción de tolerancia oral, que permite que niños alérgicos, por ejemplo, a la leche o al huevo, puedan superar antes esa alergia o tolerar determinadas cantidades.
También había pacientes con problemas de hipersensibilidad a quimioterápicos, que son tratamientos básicos para ellos, a los que no se les aplicaban protocolos de desensibilización que permitieran continuar con el tratamiento. En ocasiones tenían que ser derivados a otros hospitales, fundamentalmente a Valencia o Barcelona, con todo lo que eso supone para los pacientes y para el propio sistema sanitario.
Ahora todo esto puede abordarse de una manera más integrada. Es cierto que todavía de forma limitada, porque el servicio sigue siendo pequeño, pero ya se pueden empezar a aplicar técnicas que antes no se estaban realizando.
¿Cómo valora la actitud de la administración balear respecto al desarrollo de la Alergología?
Quiero decir que estoy contento con la actitud que tiene la administración actual respecto a la Alergología. Creo que por fin se ha dado cuenta de la necesidad de este servicio, lo ha creado y lo está potenciando.
Lo que queremos ahora es que se elabore un plan más a largo plazo para seguir fortaleciendo el servicio y mejorándolo progresivamente.
Pienso que la incorporación de residentes, la introducción de la Alergología en la Facultad de Medicina, la llegada de nuevos alergólogos y, dentro de lo posible, la presencia en las distintas islas, serían pasos muy importantes.
Evidentemente, la insularidad plantea dificultades, pero contar con un plan de conjunto sería muy bueno para los pacientes alérgicos de las Islas Baleares.
¿Qué balance hace de la temporada de alergias de 2026? ¿Ha pasado ya lo peor o los pacientes deben prepararse para semanas complicadas?
No, todavía no ha pasado lo peor. Para los alérgicos al polen, mayo y junio suelen ser los meses en los que aparecen los síntomas más intensos.
En la Península, por ejemplo en Salamanca, que es donde vivo, esto está empezando ahora. Lo que ocurre es que las lluvias modifican un poco las previsiones, porque reducen la exposición al polen: barren los pólenes y los depositan en el suelo. Durante los días de lluvia baja la presión alergénica, pero después vuelve a subir rápidamente.
Se espera que, en cuanto empiece a hacer más calor, haya una polinización explosiva, como ya ocurrió con las cupresáceas. Mayo y junio suelen ser la etapa más importante, aunque depende de la sensibilización de cada paciente.
Lo que estamos viendo últimamente es que hay patrones de sensibilización cada vez más complejos. Esto significa que se solapan los periodos de polinización de unas plantas con otras. Si una persona es alérgica, por ejemplo, a las cupresáceas, que polinizan en febrero y marzo; después al plátano de sombra, que poliniza en abril; y luego a las gramíneas o al olivo, puede pasar casi seis meses con síntomas.
Además, debido al aumento de las temperaturas, se ha observado que los periodos de polinización se han incrementado hasta en dos semanas. También influye el aumento del CO₂, que favorece una mayor producción de polen por parte de las plantas. Todo esto afecta, lógicamente, a los pacientes.
¿Qué consejos daría a los pacientes para afrontar esta etapa de mayor intensidad alérgica?
Los consejos básicos son, en primer lugar, tener un diagnóstico adecuado, y para eso hace falta acudir a un alergólogo.
Después, hay que planificar el tratamiento. Existen medidas preventivas que pueden ayudar. Por ejemplo, en el caso de los alérgicos al polen, si se viaja en coche conviene utilizar el filtro antipolen, que ya incorporan casi todos los vehículos, y usar el aire acondicionado.
También es recomendable consultar los niveles de polen, por ejemplo en la página polenes.com, donde se ofrecen datos diarios. En los periodos de máxima polinización, conviene evitar en la medida de lo posible las salidas al aire libre.
Aconsejamos también utilizar gafas de sol. En pacientes muy expuestos, puede ser útil el uso de mascarillas. Durante la pandemia vimos claramente que la sintomatología de los pacientes alérgicos bajó mucho con el uso de mascarilla.
En cuanto al tratamiento farmacológico, pueden emplearse antihistamínicos, corticoides nasales para la rinitis y antihistamínicos oftálmicos. En el caso del asma, se pueden utilizar broncodilatadores y corticoides inhalados.
También está la inmunoterapia, que es un tratamiento personalizado. Se adapta al perfil de sensibilización del paciente y busca introducir un cambio inmunológico en el organismo para que aumenten los niveles necesarios para que el paciente empiece a reaccionar.
No funciona en todos los casos, como ocurre con cualquier tratamiento, pero en los pacientes en los que funciona mejora la tolerancia, reduce muchos días de síntomas y, en algunos casos de muy buena respuesta, los pacientes pueden quedar prácticamente asintomáticos.
Es un tratamiento que actúa más allá del efecto inmediato de los fármacos. Suele durar entre tres y cinco años y, a lo largo de ese periodo, va aumentando progresivamente la tolerancia del paciente y reduciendo la necesidad de medicación. Por eso es un tratamiento que también recomendamos en pacientes seleccionados.
Consulta el programa
El encuentro arranca mañana en Menorca con ponencias científicas, mesas de debate y la participación de especialistas y representantes institucionales. La programación completa, con todos los horarios y participantes, puede consultarse en este enlace.
