Hace unos años, hablar de una ola de calor parecía una situación excepcional. Ahora, en cambio, las temperaturas muy altas forman parte cada vez más de nuestros veranos. Los termómetros suben, las noches son más difíciles de soportar y muchas familias han tenido que cambiar pequeños hábitos del día a día para protegerse del calor.
No se trata solo de pasar calor. Cuando las temperaturas se mantienen muy altas durante varios días, pueden afectar especialmente a las personas mayores, los niños y las personas con problemas de salud. Por eso, adaptarnos a esta nueva realidad se ha convertido en una cuestión importante.
La vivienda tiene un papel fundamental.
Durante los días más calurosos, mantener la casa fresca puede marcar una gran diferencia.
Bajar las persianas y los toldos durante las horas de mayor exposición solar, ventilar a primera hora de la mañana o por la noche y mantener cerradas las ventanas cuando el aire exterior es más caliente son gestos sencillos que pueden ayudar.
El aire acondicionado también se ha convertido en un recurso cada vez más habitual, pero no siempre es posible o asequible para todo el mundo. Por ello, mejorar el aislamiento de las viviendas, instalar protecciones solares y apostar por edificios mejor preparados para las altas temperaturas será cada vez más importante.
También hay que pensar en las ciudades. Los árboles, las zonas verdes y los espacios con sombra ayudan a reducir la sensación de calor y ofrecen lugares donde refugiarse durante las horas más duras.
Cambiar los horarios para evitar el calor
En verano, adaptar los horarios ya no es solo una cuestión de comodidad. Cuando hace mucho calor, hacer ejercicio, trabajar al aire libre o realizar esfuerzos físicos durante las horas centrales del día puede suponer un riesgo.
Por eso, siempre que sea posible, muchas actividades se concentran a primera hora de la mañana o al final de la tarde. También es habitual buscar espacios climatizados o con sombra durante las horas de mayor calor.
Esta adaptación es especialmente importante para las personas que trabajan en la calle, en obras, en el campo o en otros empleos que implican permanecer muchas horas expuestas al sol.
Las personas mayores, uno de los colectivos más vulnerables
Las personas mayores merecen una atención especial durante los episodios de calor intenso. Con la edad, la capacidad del organismo para regular la temperatura puede disminuir y, además, algunas personas pueden no percibir la sensación de sed de la misma manera.
Por eso es importante ofrecerles agua con frecuencia, mantenerlas en espacios frescos y comprobar que se encuentran bien, especialmente si viven solas.
Una simple llamada, una visita o ayudarles a hacer la compra puede ser muy útil durante los días de calor extremo.
Los niños
Los menores también son especialmente sensibles a las altas temperaturas. Durante los días más calurosos, es importante que beban agua con frecuencia y evitar que pasen demasiado tiempo al sol, especialmente al mediodía.
Las actividades al aire libre pueden trasladarse a primera hora de la mañana o al final de la tarde. En la playa o la piscina, buscar la sombra y hacer pausas también ayuda a evitar una exposición excesiva.
Y hay una norma que no deberíamos olvidar nunca: nunca dejar a un niño solo dentro de un coche, ni siquiera durante unos minutos. En el interior de un vehículo, la temperatura puede subir muy rápidamente.
El calor también afecta a la noche
Uno de los aspectos que más está cambiando nuestros veranos son las noches. Cuando la temperatura no baja lo suficiente, dormir se convierte en todo un reto.
Dormir con ropa ligera, mantener la habitación protegida del sol durante el día y ventilar cuando la temperatura exterior desciende puede ayudar. También es importante hidratarse y evitar cenas demasiado pesadas antes de acostarse.
El problema es que, cuando las noches calurosas se repiten, el cuerpo no tiene suficiente tiempo para recuperarse. Y eso se nota al día siguiente en forma de cansancio, irritabilidad y falta de concentración.
Adaptarnos sin perder de vista el futuro
Las altas temperaturas nos están haciendo cambiar cosas que hasta hace poco dábamos por hechas: cuándo salimos a la calle, cuándo hacemos deporte, cómo ventilamos la casa o incluso cómo organizamos la jornada laboral.
Algunos de estos cambios son pequeños y fáciles de aplicar. Otros, como adaptar las viviendas o las ciudades, requieren más tiempo y una mayor inversión.
Lo que parece claro es que el calor extremo ya no es un fenómeno que simplemente tengamos que soportar durante unos cuantos días. Tenemos que aprender a convivir con veranos más calurosos y, al mismo tiempo, tomar medidas para que las personas más vulnerables estén protegidas.
Porque adaptarnos al calor no significa simplemente encender el aire acondicionado. También significa cambiar hábitos, proteger los espacios donde vivimos y cuidar los unos de los otros.
*Un artículo de Eva Remolina (AMIC) para Menorcaaldia.com
