Entre los 41 veleros que compiten esta semana en la XXII Copa del Rey Repsol de Barcos de Época, ocho superan ya el siglo de vida: el Cariad (1896), decano absoluto con 130 años; The Lady Anne y el Dione, ambos de 1912; el Chinook y el Rowdy, gemelos herreshoffianos de 1916; el Thea (1918), que se estrena esta edición en aguas de Maó; y dos flamantes centenarios de este mismo 2026, el neoyorquino Marilee y el mallorquín Bon Temps. Ocho historias de astilleros legendarios, guerras, abandonos y resurrecciones que resumen, mejor que ninguna otra, el espíritu de la vela clásica que cada agosto convierte el puerto menorquín en un museo flotante.
CARIAD (1896)
Construido en 1896 por Summers & Payne de Southampton para el conde de Dunraven, el Cariad (“amada” en galés) fue el mayor yate que salió de la factoria de Arthur Payne, y muy posiblemente el mayor queche áurico jamás construido. En mayo de 1898 viajó hasta Lisboa para disputar la Copa Vasco da Gama, la regata que conmemoraba el 400 aniversario de la travesía del navegante portugués hasta la India: se impuso en la prueba y devolvió el trofeo al Royal Yacht Squadron.
Entre 1900 y 2006 cambió de manos más de diez veces y llegó a recalar en puertos tan dispares como Sudáfrica o Japón, hasta acabar abandonado y pudriéndose en un muelle de Laem Chabang (Tailandia). Rescatado por el empresario Stuart Williamson y sometido a una primera gran restauración, el Cariad vivió su renacimiento definitivo en 2021 de la mano del naviero Tim Hartnoll, que reunió de nuevo al equipo de “artistas” —en sus propias palabras— que ya lo había devuelto a la vida años antes.
THE LADY ANNE (1912)
Encargado por el acaudalado George Coats a William Fife III con el objetivo de recuperar la Copa de la clase 15 Metros, perdida ante los alemanes en 1911, The Lady Anne se construyó en el astillero escocés de Fairlie mientras, en paralelo, Charles Nicholson diseñaba su rival, el revolucionario Istria. Con su innovador aparejo, dominó la clase durante varias temporadas
Transformado más tarde en queche, se dice que llegó a transportar munición durante la Segunda Guerra Mundial. Tras pasar años perdido, apareció en el río Hamble (Inglaterra) y fue restaurado por Fairlie Restorations. Desde 1999 pertenece a Gonzalo Botín, que lo ha llevado a lo más alto del circuito clásico internacional. Es el vigente campeón de la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época en la clase Big Boats.
DIONE (1912)
Diseñado por William Fife III y bautizado originalmente como Enara, el Dione se construyó en Fairlie para el barón Edwin Teacher Junior, en la última década dorada de la vela de regatas previa a la Primera Guerra Mundial. Con el paso de las décadas cambió de aparejo (de yola a cúter bermudiano) y de bandera, hasta recalar en Antigua, donde llegó a estar en venta en 2006 por solo 160.000 libras. Desde 2008 pertenece al coleccionista alemán Hans Albrecht, propietario también del Veronique (1907) y el Aschanti (1954), y navega bajo el gallardete del New York Yacht Club a las órdenes del capitán argentino Alex Veccia. En 2012, coincidiendo con su primer centenario, recibió una restauración integral en Argentina que le devolvió el esplendor con el que hoy sigue compitiendo, 114 años después de su botadura. Ha participado en dos ocasiones en la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época (2018 y 2019).
CHINOOK (1916)
Botado como Pauline para Oliver G. Jennings, el Chinook fue el octavo de los NY40 que Nathanael Herreshoff diseñó para el New York Yacht Club, la clase que pasaría a la historia como las “Fighting Forties”. Cambió de nombre a Banshee y, ya en 1931, adoptó el que conserva hoy.
En 2010, un grupo de cinco navegantes lo encontró en Estados Unidos, prácticamente intacto en sus herrajes originales pero en un estado ruinoso, y decidió comprarlo y trasladarlo a Bizerta, en Túnez, para acometer una reconstrucción completa y fiel a los planos de Herreshoff. La inspiración para el proyecto fue su barco gemelo, el Rowdy, convertido para entonces en el clásico más laureado del circuito mediterráneo.
ROWDY (1916)
Encargado el 14 de octubre de 1915 por el abogado y senador Holland Sackett Duell (que pagó 10.000 dólares, más 280 extra por sustituir la caña por rueda de timón), el Rowdy se estrenó en regata en mayo de 1916. Duell lo mantuvo casi 25 años, la propiedad original más larga de todos los NY40, y hasta hoy sigue siendo el único de la clase que nunca ha cambiado de nombre.
Tras años en los Grandes Lagos y California, donde llegó a servir como casa flotante, fue rescatado y restaurado por Chris Madsen entre 1998 y 2004. Actualmente es propiedad de la armadora Donna Dyer. En 2024 navegó por primera vez en la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época con su nuevo aparejo de cangreja. Este cambio no solo revitalizó la historia de la embarcación, sino que también alteró la dinámica de competición en la clase Época Cangreja. Desde entonces, el Rowdy corre casi en tiempo real contra el Chinook.
MARILEE (1926)
El Marilee es otro de los cuatro NY40 supervivientes de los catorce que Nathanael Herreshoff diseñó para el New York Yacht Club. Se construyó en Bristol (Rhode Island) en 1926, dos años después de que se cerrara la serie original de 1916, con un salón y una bañera más amplios que los de sus hermanos de astillero.
Su restauración más reciente, entre 2014 y 2016 en el astillero French & Webb de Maine, deparó un hallazgo insólito: entre los planos originales conservados apareció un dibujo de aparejo bermudiano diseñado por el propio Herreshoff en 1933, nunca ejecutado. El equipo decidió construir ambos aparejos (la cangreja original y el bermudiano), de modo que hoy el Marilee, que cumple cien años exactos en 2026, es el único NY40 capaz de navegar con dos configuraciones distintas según la regata. En Mahón ha elegido competir con el aparejo áurico para verse las caras con el Rowdy y el Chinook.
THEA (1918)
Construido en el astillero noruego Anker & Jensen por Johan Anker, uno de los grandes maestros del diseño escandinavo, el Thea se botó como Santa para Jacob B. Stolt Nielsen, patriarca de la naviera que hoy lleva su apellido. Fue una de las primeras embarcaciones en estrenar el aparejo bermudiano y sirvió de banco de pruebas para la fórmula de medición que acabaría derivando en la clase de los 12 Metros.
Solo ha tenido cuatro propietarios en más de un siglo (Stolt Nielsen, Leif Hoegh, Ebbe Wedell-Wedellsborg y, desde 1998, el hongkonés Hans Michael Jebsen), un cuidado excepcional que le ha evitado someterse jamás a una restauración completa. En 2024, como el 12 Metros más veterano de la regata de Toulon, tuvo el honor de portar a bordo la llama olímpica camino de París; esta semana, con 108 años cumplidos, el Thea añade Maó a su itinerario por primera vez en su historia.
BON TEMPS (1926)
Construido en Palma el 17 de marzo de 1926 por el mestre d'aixa mallorquín Pere Nicolau Mandilego, el Bon Temps nació por encargo de la barcelonesa Ponsa Hermanos S.A. para conectar los negocios de la familia Godó entre Barcelona y Mallorca. El 18 de julio de 1936, el estallido de la Guerra Civil sorprendió al Bon Temps fondeado en Mahón. Al intentar zarpar rumbo a Mallorca, fue interceptado por un submarino republicano y obligado a regresar a puerto, donde permaneció amarrado durante toda la contienda.
El barco acabó en Santander, donde Santiago Godó lo localizó décadas después y lo recuperó tras una búsqueda que su propio padre había iniciado sin éxito años atrás. Ya de vuelta en manos de los Godó, sobrevivió a un incendio a bordo que dañó la cocina y la sala de cartas sin, por fortuna, propagarse a la sala de máquinas. Este mismo mes de agosto, coincidiendo también con su centenario exacto, la tripulación celebró a bordo sus cien años de vida.
